Noche. Tú.

Sábanas. Noche. De nuevo duermes entre mis brazos, con la cabecita apoyada en mi pecho. Y de nuevo agoto las horas hasta el amanecer, acariciándote muy suavemente el pelo. El amor es eterno, permanece más allá del tiempo y de la vida, pero me aterra cerrar los ojos y que todo se desvanezca. Es un pensamiento que se repite, como una espina siempre clavada, como un tormento constante en mi mente. Pasan los días, los meses, los años… nada puede evitar esa cuenta atrás, nada. Cada segundo así es un regalo, pura magia convertida en sentimiento. Porque el mejor regalo, sigues siendo tú…

Cambios

8am, suena el despertador. Comienza el día para mí, uno más de tantos. Tu vida puede ser una copia durante muchos meses y, sin saber cómo, cambiar en una fracción de segundo, haciendo temblar todos tus planes. Incluso si no esperas nada. El mundo gira, el destino te une y te separa. Da vueltas. Y cuando menos te lo esperas, a las 9am tu visión del futuro ha cambiado, es radicalmente opuesta. O diferente. Pero poco hay que puedas alegar, por más que intentes comprenderlo. Estás en un nuevo sitio, en una nueva situación, todo se ha transformado sin enterarte. ¿Por qué?

A menudo nos empeñamos en comenzar cosas que no van a durar, porque todo principio, tiene un final. Pero lo importante es el trayecto, no el destino. Y por eso cada día es único, no volverá. Ojalá alguna vez tuviera mi Delorean, la capacidad de parar el tiempo, los cambios. Vivir cada día disfrutando contigo, sin que la dinamita del relojero se mueva, sin que abra los ojos y ya no estés.