¿Por qué no lo hacemos?

Sabemos la diferencia entre amor y sexo; que después de una noche promiscua, vienen muchas seguidas; que más de 100.000 son los abortos al año en España, que dos no se lían si uno no quiere, que alguien utiliza a muchos, y que mas allá de un cuerpo, existe una persona. Todos sabemos que si respetamos los sentimientos habrá menos víctimas en la vida. ¿Por qué no lo hacemos?

Gobierno del Sentido Común. Dirección General del Sentimiento.

Mi novio es el más mejor…

Alerta!!! El mundo está en una nueva crisis, una paralela a la económica. Y dicen las malas lenguas, que tangente a la crisis de valores. El caso es que desde hace algún tiempo se viene observando que cierto mal, propio de la raza maldita de las féminas, se extiende a otros anfitriones. Y es que presumir de pareja pro (recuérdese que emparejar sólo se emparejan los calcetines y los paneles de algunos puzzles; y que el concepto de pro puede ser tan lejano a la realidad como la galaxia Andrómeda) ya no es exclusivo de la mujer más psicótica… los casos se multiplican! El ojo del enemigo avanza, que diría el sabio Gandalf, con prácticas tales como…

Publicar a los cuatro vientos lo feliz que uno es teniendo sexo salvaje. Alguna pava llega a ti después de beneficiarse a todo lo que respira, se mueve y/o se menea. Hay que dejarse querer.. y de paso, ya tenemos algo que contar en el bar… eso sí, si preguntan… nos queremos mucho!! :O :O Y, por si fuera poco, dicen las lenguas de vida relajada que sube el ego, la moral y la autoestima. Tener sexo está bien, pero si además lo sabe medio planeta…

Transmitir lo bien que se está en compañía (tampoco importa mucho la procedencia, incluso tampoco si la compañía te trata mal o saca las zarpas a voluntad…. total… más se perdió en Cuba… (o eso dicen los antiguos)). Lo importante es mantener el status de “pillado” (aka no soltero, que siempre queda peor), a toda costa, además. Y, es que, perder el status de primera dama (y últimamente de primer caballero) es considerado delito de sangre….

Promocionar hasta en la luna que la relación (nótese que relacionar, sólo se relacionan los elementos de los conjuntos matemáticos) es perfecta: manifestaciones públicas y virtuales de amor, mi niña, mi cariño, todo mi amor para ella!!!Qué romántico y buen amante soy, por dios!! Mejor que todos sobre la faz de La Tierra! Luego, en privado, la denominaremos como “ésta“, que queda más sobrao. Y, es que, al fin y al cabo, siempre puedes cambiarla por la “otra” o por “aquella“.

Presumir en cualquier medio, en cualquier lugar… venga o no a cuento. Incluso si es el mayor offtopic de la historia de las conversaciones. Sea cual sea el tema tratado, él debe estar presente… en un podio, con una copa grande y mirando a los demás por debajo del hombro. Mi novio esto… mi novio lo otro… pues mi novio hizo… pues mi novio piensa…. pues… mi novio es el más mejor!!!! Mi tesoro!!! Sólo mío!!!!!! Míooo todo él!!!! Gollum!!!! Gollum!!!!! (Cuantos “mi” a todo esto, no?)

Visto lo visto… una cita de un tipo sabio, que vivió hará muchos años….

para que tu ayuno, sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.Mateo 6, 18.

Amándote

Mis dedos rodeando en mil caricias el contorno de tu pecho, mi boca haciendo estragos en tu cordura, afincada en tu placer. Mi lengua penetrando en tu garganta, empapando tus labios, tu pasión. El susurro de un te quiero y la dulce pausa tras agotarnos. Y, poco más tarde, seguir amándote de nuevo….

Un nuevo destino (aka Tu habitación X.5)

Notaba cuando tu cuerpo estaba al borde del colapso, era capaz de saber el momento exacto de la última explosión de placer. Y estaba cerca, muy cerca, llegando. Tus pupilas se dilataban, tu pecho se erguía aún más y nuestro dúo pélvico amainaba su movimiento, quedando exhaustos sobre la mesa. Apenas podíamos respirar o tragar saliva, pero todavía teníamos alguna fuerza para abrazarnos, besarnos y reposar en aquella posición, algo incómoda. Dije un te quiero, me incorporé y te arrastré conmigo, conservando el abrazo. Comencé a caminar, te guiaba. Nariz con nariz, te miraba y sonreías, dejándote llevar por mis pasos. ¿A dónde iría?…

La mesa de la cocina (aka Tu habitación X)

Mi cuerpo reposaba sobre el tuyo, mi ojos estaban clavados en ti. Pasaron unos segundos y los cerré. Tus boquita notó mi lengua, la presión de mis labios y el calor de mi aliento. El mejor beso de tu vida, fue largo, mágico, apasionado. Y provocador, totalmente provocador. Habías comenzado a notar algo entre las piernas, colándose en ti, en una sensación de hormigueo que te recorría entera, desquiciando tus sentidos. Volví a abrir los ojos, observando los tuyos, ahora perdidos en mí. Y no dejaba de mirarte, de amarte, de hacértelo. Te quería tanto…

La suavidad de tu piel se mezclaba con la excitación del momento, creando una textura única que saboreaba en tu cuello. Lamía un lado, migraba a tu barbilla y seguía en el otro. Tus manos se agarraban a mi espalda, con fuerza, intentando acariciar y mantener la palma abierta. Pero el control era difícil. Los gemidos indicaban que estabas fuera de sí, en algún punto de una muerte dulce y placentera. Imposible no cerrar el puño, no exprimirte en el deseo o no gritar de la pasión. Imposible de veras. Notaba cuando…

El concepto de amor (tercera parte)

Definitivamente, la cigueña se equivocó. Se equivocó la cigueña, se equivocaba. Creyó que el norte era el sur, que el pasado era el presente, que este mundo era otro mundo. Poniendo en precedentes (aunque decía un estimado profesor que poner sólo ponen huevos las gallinas), se recomienda leer el concepto de amor y su segunda parte. La verdad es que con eso de estar enamorado había dejado en la armería el Hacha de Gimli, hijo de Glóin, pero….

Hay cosas que sigo sin ver. Y me sigue llamando la atención cómo la gente tiende a aferrarse a cualquier cosa, incluso a un clavo ardiendo (o un muro plagado de dinamita), por no afrontar ciertas evidencias. Los sabios antiguos dirían aquello de “mejor solo, que mal acompañado“, pero como tantas cosas de antaño, la frase ha quedado en el olvido. Ahora, con la filosofía social y lista del todo vale (que si no vale todo, uno es retrógado y no sé cuántas cosas más), no está mal visto el uso indiscriminado y afectivo – sexual de personas. Total, mientras haya condón… De todos es sabido que con la promiscuidad nunca me he llevado nada bien, pero aquello que no soporto en absoluto es el engaño, la falta de honestidad. Si al mal de liarse con todo lo que respira, se mueve y/o se menea se añade el paripé de te quiero mucho (pero sólo como la trucha al trucho, que ya se sabe que la trucha lo engañaba con el salmón y el trucho era “bi y le daba a tó“, en jerga popular) o del ni contigo ni sin ti (quiero que estés pendiente de mí a todas horas, pero… oye… no te quiero… sentirse deseada, sube karma, y desquicia mentes, pero lo segundo, es valga la redundancia, secundario… aka un daño colateral de caprichos varios) tenemos los ingredientes necesarios para fabricar una bomba de relojería sentimental. Y es una bomba única, que sólo quema y destroza a una parte, a la usada, a la engañada.

Lo curioso del tema es que, en ocasiones, la situación es sabida por la parte engañada, y esta adopta la reacción de aceptar la trama conspiratoria. Actuar y ganar un óscar, siempre será más fácil que afrontar la realidad, y asumiendo que el uso es mútuo… los males serán menores… en principio. Aún así, no se evaporaría mi sangre (hervir es poco) si no escuchar decir eso de “te quiero“. Y es que quererse se pueden querer muchas cosas… y no por ello nos vamos liando con todas y cada una… por probar, a ver que sale, a lo que surja… Sam Wheat decía a Molly que “te quiero” ya no signficaba nada, que lo decía todo el mundo, sin sentido alguno, como quién no quiere la cosa. Decir un “te quiero usar hasta que me dé la vena” es demasiado largo y no quedaría cool en el susodicho paripé. Así que…

Tu habitación (IX, aka La cocina)

Tu ropa interior me encantaba. Suave, delicada, sutil…¡era mía! La prenda que hacía unos minutos te había arrebatado mi mente, estaba en mi poder, y mis dedos jugueteaban con ella, disfrutando de su textura sabor a ti.

Si quieres comerte aquello que guardaban… sígueme…

No lo dijiste. Tu boca sólo se abrió lo suficiente como para seguir provocándome, pero no para mediar palabra. Interpreté tus ojitos revoltosos en apenas segundos y… Hubiese insistido en que se hacía tarde… pero… estaba hechizado, inmerso en tu mundo, en todas las sensaciones que me regalabas. Me levanté, aceptando tu invitación, para cogerte de la mano. Un beso. Corto. Te pusiste en marcha y te seguí. El pasillo de tu casa, tan largo, era ideal para mantener la intriga. ¿A qué lugar me estabas llevando? A los pocos pasos, te detuviste. Yo contigo. Frente a mí, abrazándome, me diste el alto. Te rodeé con mis brazos, a la vez que tu lengua se acercó a mi cuello. Embriagador. Sentirte tan cerca, rozar tu piel… podía hacerte el amor sin descanso y volver a sentir mil sensaciones con cada beso, con cada caricia o con cada simple roce. Me comías el cuello, la barbilla… y los labios. La pasión aumentaba, pero en tu fiel intención de desquiciarme, te separaste, un poquito, volviendo a andar, tirando de mi, sin girarte. Un paso, otro, otro más. Una puerta, abierta. Me habías llevado hasta la cocina. ¿Querrías desayunar? No, parecía que no. Algún recuerdo de una fantasía anterior me reveló tus verdaderas intenciones. Aunque hasta que no mostraste la última carta, no estaba seguro de ellas.

El final de tu espalda pegaba con el borde de una mesa, pequeña, donde solíamos preparar el desayuno. Yo seguía agarrándote por la cintura, regalándote besos y más besos, intercalados con miradas de complicidad. Pero tu cara comenzó a distanciarse, a caer, hasta reposar tumbada. La madera apenas podía tapar toda tu espalda, dejando tus piernas suspensas en el vacío. Mirándome, tus ojos irradiaban deseo, amor, cariño… y más ganas de jugar. Quería tumbarme sobre ti, quitarte la toalla…. pero al hacer ademán, me paraste con la mano. Después, cayo hasta tu cuerpo, todavía cubierto, y pululó haciendo círculos, hacia arriba, hacia abajo… con tu dedo índice indicando un posible recorrido de mi boca. Loco, observándote me estaba volviendo loco. Anulaste el nudo, pero tu piel blanca seguía allí, sin caer. Cualquier movimiento tuyo podía hacerla deslizar… pero consciente de ello, evitabas moverte. Destaparte poco a poco sabías que crearía más tensión.. y así lo hiciste. Retirabas la toalla, con un sólo dedo… acariciándote según te ibas descubriendo. Te desnudabas lentamente, humedeciéndote por dentro, de pensar en la situación desatada. Despojada de toda tela, me permitiste bajar hasta ti, igual que antes, sin pronunciar una palabra. Tu mirada lo decía todo. Tanta confianza, tanto engranaje de sentimientos… había hecho que para charlar nos bastara el intercambio de una sola mirada. Y desnudo también, me tumbé sobre ti. Mi….