El calendario marca 16. El mismo regalo, una vez más, y sin embargo no imagino un futuro sin él. Cada sensación, cada mirada, cada sonrisa… a veces creo estar viviendo un sueño. Y no quiero despertar, no lo soportaría. Te quiero tanto…
Cuarenta y dos veces dieciséis.
Sentirte lejos, estar ausente. Vacío. Abrir los ojos y no observar cómo sigues dormida, dar vueltas en la cama buscándote. Eso es vacío. Un agujero que crece en el alma, que azota cada neurona, una estaca que se clava en el corazón y que sólo desaparece cuando te abrazo. Nada tiene sentido sin ti, y contigo la inmortalidad es el deseo único. Te quiero tanto…
8am, suena el despertador. Comienza el día para mí, uno más de tantos. Tu vida puede ser una copia durante muchos meses y, sin saber cómo, cambiar en una fracción de segundo, haciendo temblar todos tus planes. Incluso si no esperas nada. El mundo gira, el destino te une y te separa. Da vueltas. Y cuando menos te lo esperas, a las 9am tu visión del futuro ha cambiado, es radicalmente opuesta. O diferente. Pero poco hay que puedas alegar, por más que intentes comprenderlo. Estás en un nuevo sitio, en una nueva situación, todo se ha transformado sin enterarte. ¿Por qué?
A menudo nos empeñamos en comenzar cosas que no van a durar, porque todo principio, tiene un final. Pero lo importante es el trayecto, no el destino. Y por eso cada día es único, no volverá. Ojalá alguna vez tuviera mi Delorean, la capacidad de parar el tiempo, los cambios. Vivir cada día disfrutando contigo, sin que la dinamita del relojero se mueva, sin que abra los ojos y ya no estés.
Ojos que lloran, una estrella que se aleja. Mi corazón se descompone, se rompe en mil pedazos, apenas puede mantenerme en pie. La vida pasa y cada segundo que no estás entre mis brazos la voy perdiendo. Y me preocupa. Me preocupa un futuro sin ti, el amanecer sin sentir el calor de tu cuerpo bajo las sábanas, el despertar con la angustia de perderte, de perdernos. Porque cuando imagino el futuro, sólo te veo a ti…
Tus lágrimas se convierten en las mías, tus penas en puñales a mi corazón. Me mata. Me mata verte triste, consumida entre la melancolía y la frustración. Tus ojitos aguados me contagian, me hacen sentirme como tú. Porque te comprendo, estás muy dentro de mí. Y me mata. Me mata verte triste, me mata verte llorar.
Sabemos la diferencia entre amor y sexo; que después de una noche promiscua, vienen muchas seguidas; que más de 100.000 son los abortos al año en España, que dos no se lían si uno no quiere, que alguien utiliza a muchos, y que mas allá de un cuerpo, existe una persona. Todos sabemos que si respetamos los sentimientos habrá menos víctimas en la vida. ¿Por qué no lo hacemos?
Gobierno del Sentido Común. Dirección General del Sentimiento.
Terror. Terror es tu ausencia, necesitar… necesitarte. Las noches en vela imaginándote, el amanecer caótico tras mis sueños, levantarse esperando nada. Mirar el reloj estancado, caminar por un rumbo sin sentido, donde no estás tú. Quebrar planes, desvanecer ilusiones. Gritar al vacío, ser espectador. Eso es el terror. Mi terror. Mi temor.
Pánico es cada segundo sin ti, cada palabra que no puedes escuchar, cada gesto que no puedes ver. Pánico es vivir esperándote, sentir que no llegas. Pánico. Mirar el horizonte, mirarte a ti, oír tus pasos alejarse mientras se acerca el silencio. Eso es el pánico. Observar el lado vacío de la cama y amanecer al día siguiente empapado en tu recuerdo. Imaginarte llamando a la puerta, imaginar tu regreso. Pánico.
Sueño. Cansancio. Ojos que intentan cerrarse. Vueltas en la cama, necesidad de ti. Un mundo paralelo donde sólo estás tú, al fondo, inalcanzable. Tan lejos que parece el inicio de una pesadilla. Me falta la vida si no estás, si mi abrazo queda vacío en la noche. Te necesito tanto… Me esfuerzo por recordar el tacto de tu cuerpo desnudo, el sabor de tu nuca tras acostarte, la suavidad de tu piel bajo las sábanas. Pero…
Mono. Mono de ti…
Inquietud. Angustia. Miedo, pánico y terror. Necesidad vital. La noche no se convierte en madrugada, permanece inerte. Está estancada en algún punto de tu recuerdo, de guardia en la desolación de tu ausencia. Mi cama sigue echándote de menos, mientras el vacío de mi pecho ahoga todas las ilusiones. Es tanta la necesidad de ti… es tanta la locura al sentirte lejos… es tanta la adicción a tu piel… Desquiciado. Ido. Sin ti.