Noche, otra noche. Otra más. En vela, sin dormir, esperándote. Luces apagadas, silencio. Llanto. Y un corazón que palpita, extrañándote. Mi piel necesita tu tacto, tus caricias, sentir el calor de tu cuerpo y saber que estás a media vuelta, en la misma cama. Tu respirar es vida en mis oídos, tu ausencia puñales en mi cabeza. Sigue siendo tanta la necesidad de ti…
Inquietud. Angustia. Miedo, pánico y terror. Necesidad vital. La noche no se convierte en madrugada, permanece inerte. Está estancada en algún punto de tu recuerdo, de guardia en la desolación de tu ausencia. Mi cama sigue echándote de menos, mientras el vacío de mi pecho ahoga todas las ilusiones. Es tanta la necesidad de ti… es tanta la locura al sentirte lejos… es tanta la adicción a tu piel… Desquiciado. Ido. Sin ti.