Otra noche más

La misma idea se repite en mi mente. Incesante, perpétua. La misma locura de necesitar el calor de tu piel bajo mis sábanas. De sentirme vivo en el reflejo de tu sonrisa. Y clavar entonces mis ojos en tu mirada, y generar la chispa de lo eterno, de lo mágico. Parar el reloj, sentirnos ausentes del mundo. Llorar de alegría y a la vez llorar de miedo. A que todo pase, a que nada quede. Sufrir la desesperación en cada despedida, temer que la magia de repente termine. Y así seguir absorto en tu carita, hasta el amanecer.

Noche. Tú.

Sábanas. Noche. De nuevo duermes entre mis brazos, con la cabecita apoyada en mi pecho. Y de nuevo agoto las horas hasta el amanecer, acariciándote muy suavemente el pelo. El amor es eterno, permanece más allá del tiempo y de la vida, pero me aterra cerrar los ojos y que todo se desvanezca. Es un pensamiento que se repite, como una espina siempre clavada, como un tormento constante en mi mente. Pasan los días, los meses, los años… nada puede evitar esa cuenta atrás, nada. Cada segundo así es un regalo, pura magia convertida en sentimiento. Porque el mejor regalo, sigues siendo tú…

Nosotros

Estrellas, luz de Luna. Noche. Dos amantes  descansan sobre la arena de playa, abrazados, observando la bóveda celeste. Cielo y tierra. Tú. Yo. Nosotros.

Otra noche…

Noche, otra noche. Otra más. En vela, sin dormir, esperándote. Luces apagadas, silencio. Llanto. Y un corazón que palpita, extrañándote. Mi piel necesita tu tacto, tus caricias, sentir el calor de tu cuerpo y saber que estás a media vuelta, en la misma cama. Tu respirar es vida en mis oídos, tu ausencia puñales en mi cabeza. Sigue siendo tanta la necesidad de ti…

En la madrugada…

4:00. Calor. Siento tu calor coporal, el tacto de tu piel bajo las sábanas. Piernas enlazadas. Un abrazo, cara a cara. Ojos cerrados. Calma. Silencio. Tu olor es embriagador, relajante. Estoy consciente, ajeno a todo lo externo a nuestro mundo. Feliz, saboreando cada segundo. Sin nada en la mente, sólo amor. Tú, yo, noche… y amanecer.

Necesidad

Sueño. Cansancio. Ojos que intentan cerrarse. Vueltas en la cama, necesidad de ti. Un mundo paralelo donde sólo estás tú, al fondo, inalcanzable. Tan lejos que parece el inicio de una pesadilla. Me falta la vida si no estás, si mi abrazo queda vacío en la noche. Te necesito tanto… Me esfuerzo por recordar el tacto de tu cuerpo desnudo, el sabor de tu nuca tras acostarte, la suavidad de tu piel bajo las sábanas. Pero…

Mono. Mono de ti…

En la noche…

La noche hacía tiempo que era madura. El reloj marcaba impasible las dos de la madrugada, mientras el resplandor del pasillo alumbraba con luz tenue sus manecillas. No podía dormir. Una necesidad se hacía cada vez mayor en mis entrañas, en lo más profundo de mi ser, impidiendo que vueltas y más vueltas consiguieran hacerme conciliar el sueño. Desquiciado. Ido. Buscándote en la cama, intentando acariciar tu piel, captar tu aliento. Pero solo había sábanas…