Tu habitación (VI)

Los primeros rayos de sol se hacían paso entre las cortinas, chocando contra las sábanas que, a esbozos, cubrían alguna parte de nuestros cuerpos. Abrazado a ti, abrí los ojos, muy despacio. Temía despertar y no tenerte a mi lado. Temía que el calor de tu cuerpo se desvaneciese en el recuerdo, difuminándose en la realidad. Temía que toda la noche no hubiese sido más que un sueño. Pero seguías ahí, pegada a mí, durmiendo, ajena al mundo… quizás imaginando un paraiso a tu alrededor, donde yo fuese la playa. Había pasado horas mirándote, observando la forma en que dormías, almacenando en mi memoria cada detalle. El tiempo no se detenía, pero cada minuto se convertía en único. Poco antes del amanecer, mis pupilas se cerraron agotadas…

Tu carita seguía transmitiendo la más pura tranquilidad. Las caricias de mis manos sobre tu cintura no lograban despertarte, ni tampoco el cosquilleo de nuestras piernas entrelazadas. Hubiera estado una eternidad alimentando tus sueños con esas sensaciones… pero se hacía tarde. Mi cabeza reposaba a muy pocos centímetros de la tuya… me acerqué aún más.. y te besé, suave, apenas tocando tu labio inferior. Me miraste, sonriendo, con un gesto muy dulce. Estabas ya despierta y…