Noche. Tú.

Sábanas. Noche. De nuevo duermes entre mis brazos, con la cabecita apoyada en mi pecho. Y de nuevo agoto las horas hasta el amanecer, acariciándote muy suavemente el pelo. El amor es eterno, permanece más allá del tiempo y de la vida, pero me aterra cerrar los ojos y que todo se desvanezca. Es un pensamiento que se repite, como una espina siempre clavada, como un tormento constante en mi mente. Pasan los días, los meses, los años… nada puede evitar esa cuenta atrás, nada. Cada segundo así es un regalo, pura magia convertida en sentimiento. Porque el mejor regalo, sigues siendo tú…

La muerte no es el final

Tú nos dijiste que la muerte
no es el final del camino,
que aunque morimos no somos,
carne de un ciego destino.

Tú nos hiciste, tuyos somos,
nuestro destino es vivir,
siendo felices contigo,
sin padecer ni morir.

Cuando, Señor, resucitaste,
todos vencimos contigo,
nos devolviste la vida,
como en Betania al amigo.

Cuando la pena nos alcanza
por el compañero perdido,
cuando el adiós dolorido
busca en la fe su esperanza.
En tu palabra confiamos
con la certeza de que Tú
ya lo has devuelto a la vida,
ya lo has llevado a la luz.
Ya lo has devuelto a la vida,
ya lo has llevado a la luz

Si caminamos a tu lado,
no va a faltarnos tu amor,
porque muriendo vivimos
vida más clara y mejor.

En recuerdo de aquellos que ya no están… pero que llevaremos siempre en el corazón.