Exilio

Frío. Hambre. Humillación. La Luna nos observa con ojos de misericordia, pero es consciente de que nada puede hacer por ayudarnos. Cientos de hombres, mujeres y niños dejamos hace semanas nuestra tierra marchando, según algunos, a un lugar lleno de esperanza. Por el camino se oyen gemidos y quejas, comentarios, deseos, pensamientos….el eco de unas vidas que ya no volverán a sonreir. Las caravanas acompañan con el rechinar de sus ruedas nuestro lamento y es esa rutina y su ritmo quién me hace recordar los días precedentes a la guerra. Paseábamos felices por el lago, inconscientes, evadidos de esa gran tragedia que se aproximaba con paso cada vez más firme. No importaba. No importaba no pensar en el futuro, sólo había que vivir el presente y vivirlo a tu lado. Recuerdo aquella tarde soleada, aquella hierba acogedora, aquella montaña risueña y cómo nuestros besos compartían protagonismo con nuestras caricias. Te quería tanto…

Algo que escribí hace tiempo…