Preciosa

Las sábanas apenas cubrían tu cuerpo. Hacía calor,  una madrugada de verano arrancaba en la habitación y mis ojos hacía rato que estaban abiertos, observando el compás de tu respiración sobre la cama. Tu piel, el contorno de unas curvas perfectas, tu olor… volvía a crearse un mundo paralelo, onírico, lleno de sensaciones y sentimientos. Hombros desnudos, torso a medio tapar, caderas protegidas sólo por tu ropa interior… estabas preciosa. Una imagen grabada a fuego para siempre y un recuerdo que evocar en los días grises sin ti. Y a pesar de estar tan cerca, de tenerte a centímetros, comenzaba a desquiciarme. No podía resistirlo, necesitaba acariciarte, besarte, recorrer tu espalda con las yemas de mis dedos y hacerte despertar con el placer en tus sentidos. Era inevitable, te deseaba tanto…

Amándote

Mis dedos rodeando en mil caricias el contorno de tu pecho, mi boca haciendo estragos en tu cordura, afincada en tu placer. Mi lengua penetrando en tu garganta, empapando tus labios, tu pasión. El susurro de un te quiero y la dulce pausa tras agotarnos. Y, poco más tarde, seguir amándote de nuevo….

Un nuevo destino (aka Tu habitación X.5)

Notaba cuando tu cuerpo estaba al borde del colapso, era capaz de saber el momento exacto de la última explosión de placer. Y estaba cerca, muy cerca, llegando. Tus pupilas se dilataban, tu pecho se erguía aún más y nuestro dúo pélvico amainaba su movimiento, quedando exhaustos sobre la mesa. Apenas podíamos respirar o tragar saliva, pero todavía teníamos alguna fuerza para abrazarnos, besarnos y reposar en aquella posición, algo incómoda. Dije un te quiero, me incorporé y te arrastré conmigo, conservando el abrazo. Comencé a caminar, te guiaba. Nariz con nariz, te miraba y sonreías, dejándote llevar por mis pasos. ¿A dónde iría?…

La mesa de la cocina (aka Tu habitación X)

Mi cuerpo reposaba sobre el tuyo, mi ojos estaban clavados en ti. Pasaron unos segundos y los cerré. Tus boquita notó mi lengua, la presión de mis labios y el calor de mi aliento. El mejor beso de tu vida, fue largo, mágico, apasionado. Y provocador, totalmente provocador. Habías comenzado a notar algo entre las piernas, colándose en ti, en una sensación de hormigueo que te recorría entera, desquiciando tus sentidos. Volví a abrir los ojos, observando los tuyos, ahora perdidos en mí. Y no dejaba de mirarte, de amarte, de hacértelo. Te quería tanto…

La suavidad de tu piel se mezclaba con la excitación del momento, creando una textura única que saboreaba en tu cuello. Lamía un lado, migraba a tu barbilla y seguía en el otro. Tus manos se agarraban a mi espalda, con fuerza, intentando acariciar y mantener la palma abierta. Pero el control era difícil. Los gemidos indicaban que estabas fuera de sí, en algún punto de una muerte dulce y placentera. Imposible no cerrar el puño, no exprimirte en el deseo o no gritar de la pasión. Imposible de veras. Notaba cuando…

Tu habitación (IX, aka La cocina)

Tu ropa interior me encantaba. Suave, delicada, sutil…¡era mía! La prenda que hacía unos minutos te había arrebatado mi mente, estaba en mi poder, y mis dedos jugueteaban con ella, disfrutando de su textura sabor a ti.

Si quieres comerte aquello que guardaban… sígueme…

No lo dijiste. Tu boca sólo se abrió lo suficiente como para seguir provocándome, pero no para mediar palabra. Interpreté tus ojitos revoltosos en apenas segundos y… Hubiese insistido en que se hacía tarde… pero… estaba hechizado, inmerso en tu mundo, en todas las sensaciones que me regalabas. Me levanté, aceptando tu invitación, para cogerte de la mano. Un beso. Corto. Te pusiste en marcha y te seguí. El pasillo de tu casa, tan largo, era ideal para mantener la intriga. ¿A qué lugar me estabas llevando? A los pocos pasos, te detuviste. Yo contigo. Frente a mí, abrazándome, me diste el alto. Te rodeé con mis brazos, a la vez que tu lengua se acercó a mi cuello. Embriagador. Sentirte tan cerca, rozar tu piel… podía hacerte el amor sin descanso y volver a sentir mil sensaciones con cada beso, con cada caricia o con cada simple roce. Me comías el cuello, la barbilla… y los labios. La pasión aumentaba, pero en tu fiel intención de desquiciarme, te separaste, un poquito, volviendo a andar, tirando de mi, sin girarte. Un paso, otro, otro más. Una puerta, abierta. Me habías llevado hasta la cocina. ¿Querrías desayunar? No, parecía que no. Algún recuerdo de una fantasía anterior me reveló tus verdaderas intenciones. Aunque hasta que no mostraste la última carta, no estaba seguro de ellas.

El final de tu espalda pegaba con el borde de una mesa, pequeña, donde solíamos preparar el desayuno. Yo seguía agarrándote por la cintura, regalándote besos y más besos, intercalados con miradas de complicidad. Pero tu cara comenzó a distanciarse, a caer, hasta reposar tumbada. La madera apenas podía tapar toda tu espalda, dejando tus piernas suspensas en el vacío. Mirándome, tus ojos irradiaban deseo, amor, cariño… y más ganas de jugar. Quería tumbarme sobre ti, quitarte la toalla…. pero al hacer ademán, me paraste con la mano. Después, cayo hasta tu cuerpo, todavía cubierto, y pululó haciendo círculos, hacia arriba, hacia abajo… con tu dedo índice indicando un posible recorrido de mi boca. Loco, observándote me estaba volviendo loco. Anulaste el nudo, pero tu piel blanca seguía allí, sin caer. Cualquier movimiento tuyo podía hacerla deslizar… pero consciente de ello, evitabas moverte. Destaparte poco a poco sabías que crearía más tensión.. y así lo hiciste. Retirabas la toalla, con un sólo dedo… acariciándote según te ibas descubriendo. Te desnudabas lentamente, humedeciéndote por dentro, de pensar en la situación desatada. Despojada de toda tela, me permitiste bajar hasta ti, igual que antes, sin pronunciar una palabra. Tu mirada lo decía todo. Tanta confianza, tanto engranaje de sentimientos… había hecho que para charlar nos bastara el intercambio de una sola mirada. Y desnudo también, me tumbé sobre ti. Mi….