Cuenten que…

Si alguna vez cantaran mi historia, cuenten que caminé entre gigantes. Los hombres brotan y se marchitan como el trigo invernal, pero estos nombres nunca morirán. Cuenten que viví en los tiempos de Héctor, domador de caballos, cuenten que viví en los tiempos de Aquiles.

Troya (imdbwiki)

Si Aquiles levantara la cabeza…

Canta, oh musa, la cólera del Pélida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes…

La ilíada

Grecia en ruinas. El esplendor clásico harto olvidado, que diría Elrond. Los héroes de antaño sólo quedan en algunas memorias, el pueblo no hace honor a tiempos pasados.

Gandalf: Todo se ha tornado en vana ambición. Utilizaría su dolor como excusa! Mil años lleva en pie esta ciudad, y ahora, a capricho de un demente está a punto de caer. El árbol blanco, el árbol del Rey, no volverá a florecer.

Pippin: por qué siguen haciendo guardia?

Gandalf: hacen guardia porque tienen esperanza, una tenue y fugaz esperanza en que algún día florecerá, en que un rey llegue y esta ciudad vuelva a ser lo que fue antes de su decadencia. Las viejas enseñanzas del oeste cayeron en el olvido, los reyes construyeron tumbas más espléndidas que las casas para los vivos, y atesoraban los antiguos nombres de su ascendencia más que los de sus propios hijos. Señores sin heredero habitaban añejos palacetes obnubilados por su heráldica o en altas torres frías entregados a la astrología. Por eso el pueblo de Gondor conoció la ruina, el linaje real fracasó. El árbol blanco se secó. El gobierno de Gondor fue entregado a hombres menores…

El señor de los anillos: El retorno del Rey

Y todos los muertos sabrán

Héctor: Ya he vivido este momento en mis sueños. Hagamos un pacto: con los dioses como testigos prometemos que el vencedor permitirá que el vencido tenga unos funerales apropiados.

Aquiles: no hay pacto que valga entre leones y hombres… Ahora sí sabes con quién peleas!

Héctor: ayer creí que eras tú con quien luchaba, y ojalá hubieras sido tú. Pero concedí a aquel niño el honor que merecía…

Aquiles: le concediste el honor de tu espada! Esta noche no tendrás ojos, oídos ni lengua; vagarás por el infierno ciego, sordo y mudo… y todos los muertos sabrán que eres Héctor, el iluso que creyó matar a Aquiles.

Troya (imdbvídeo)