El calendario marca 16. El mismo regalo, una vez más, y sin embargo no imagino un futuro sin él. Cada sensación, cada mirada, cada sonrisa… a veces creo estar viviendo un sueño. Y no quiero despertar, no lo soportaría. Te quiero tanto…
Cuarenta y dos veces dieciséis.
Las flores del jardín interior se transforman en cómplices de mi destino, y llevan a mi memoria el calor de tu mirada. El bullicio que se respira en el ambiente fracasa en su intención de alejar de mi mente tu recuerdo. Años atrás, nos besamos en este mismo escalón, y ahora parece que todo se ha disipado. Quizá ya no lo recuerdas… pero en mi mente sigue intacto ese momento, ese beso. Y sé que todo ha cambiado, que un día hiciste la maleta y me dijiste adiós, que nada puede devolverme al pasado. Pero te echo tanto de menos… Sí, aún hoy te mentiría si negara que sigo esperando una llamada, que sigo esperando abrir la puerta y abrazarte, y hacerte el amor en el pasillo.
A un paso de volverme loco, a medio de vaciar otra botella…
La misma idea se repite en mi mente. Incesante, perpétua. La misma locura de necesitar el calor de tu piel bajo mis sábanas. De sentirme vivo en el reflejo de tu sonrisa. Y clavar entonces mis ojos en tu mirada, y generar la chispa de lo eterno, de lo mágico. Parar el reloj, sentirnos ausentes del mundo. Llorar de alegría y a la vez llorar de miedo. A que todo pase, a que nada quede. Sufrir la desesperación en cada despedida, temer que la magia de repente termine. Y así seguir absorto en tu carita, hasta el amanecer.
El cronómetro sigue corriendo, la cuenta atrás es inevitable. La arena cae. Y sigue cayendo, constante, ajena a todo. El reloj puede quebrarse en una fracción de segundo, o puede permancer intacto años y años, impasible, sobre la mesa del destino. Yo soy un tipo con suerte. He observado tu carita al amanecer, y he besado cada poro de tu piel, y te he visto feliz entre mis brazos.
Hoy he mirado el calendario, y he tachando cada número, como un niño el día de Reyes abriendo su regalo. Treinta y cuatro veces dieciséis.
Sábanas. Noche. De nuevo duermes entre mis brazos, con la cabecita apoyada en mi pecho. Y de nuevo agoto las horas hasta el amanecer, acariciándote muy suavemente el pelo. El amor es eterno, permanece más allá del tiempo y de la vida, pero me aterra cerrar los ojos y que todo se desvanezca. Es un pensamiento que se repite, como una espina siempre clavada, como un tormento constante en mi mente. Pasan los días, los meses, los años… nada puede evitar esa cuenta atrás, nada. Cada segundo así es un regalo, pura magia convertida en sentimiento. Porque el mejor regalo, sigues siendo tú…
Sentirte lejos, estar ausente. Vacío. Abrir los ojos y no observar cómo sigues dormida, dar vueltas en la cama buscándote. Eso es vacío. Un agujero que crece en el alma, que azota cada neurona, una estaca que se clava en el corazón y que sólo desaparece cuando te abrazo. Nada tiene sentido sin ti, y contigo la inmortalidad es el deseo único. Te quiero tanto…
Ojos que lloran, una estrella que se aleja. Mi corazón se descompone, se rompe en mil pedazos, apenas puede mantenerme en pie. La vida pasa y cada segundo que no estás entre mis brazos la voy perdiendo. Y me preocupa. Me preocupa un futuro sin ti, el amanecer sin sentir el calor de tu cuerpo bajo las sábanas, el despertar con la angustia de perderte, de perdernos. Porque cuando imagino el futuro, sólo te veo a ti…
La pena me consume, me quita un poco más de aire. No hay lágrimas, sólo vacío. Angustia. Y ya no sé como evitarlo, ni cómo sentir algo de paz lejos de ti. Se me va la vida, cualquier sentimiento se ahoga en mi corazón, me desespero. Te sigo queriendo tanto…
Poco ha cambiado. Un día más, pero el mismo sentimiento. Y mañana volverá a pasar. Y volveré a quererte, con todas mis fuerzas. Por la noche cerraré los ojos, pensando en ti, y a la mañana siguiente despertaré con la misma obsesión por besarte. No puedo vivir sin amarte…
Dos. Dos personas, dos amantes. Dos años. El mismo pulso acelerado, la misma emoción. Felicidad. Calma. El mundo ya no gira y todo se detiene en el momento mágico de besarnos. Sentimiento intacto, pasión creciente, ganas de ti. Vacío si no estás, plenitud al tocar tu piel. Locura. Amor. Aniversario.