Fuego

Miedo. Por primera vez sentía miedo, pánico, tenía algo que perder. Una chica, el amor de mi vida. Dos contra cinco, nueve pistolas. Tensión. Miradas. Y fuego.

Preciosa

Las sábanas apenas cubrían tu cuerpo. Hacía calor,  una madrugada de verano arrancaba en la habitación y mis ojos hacía rato que estaban abiertos, observando el compás de tu respiración sobre la cama. Tu piel, el contorno de unas curvas perfectas, tu olor… volvía a crearse un mundo paralelo, onírico, lleno de sensaciones y sentimientos. Hombros desnudos, torso a medio tapar, caderas protegidas sólo por tu ropa interior… estabas preciosa. Una imagen grabada a fuego para siempre y un recuerdo que evocar en los días grises sin ti. Y a pesar de estar tan cerca, de tenerte a centímetros, comenzaba a desquiciarme. No podía resistirlo, necesitaba acariciarte, besarte, recorrer tu espalda con las yemas de mis dedos y hacerte despertar con el placer en tus sentidos. Era inevitable, te deseaba tanto…

Otra noche…

Noche, otra noche. Otra más. En vela, sin dormir, esperándote. Luces apagadas, silencio. Llanto. Y un corazón que palpita, extrañándote. Mi piel necesita tu tacto, tus caricias, sentir el calor de tu cuerpo y saber que estás a media vuelta, en la misma cama. Tu respirar es vida en mis oídos, tu ausencia puñales en mi cabeza. Sigue siendo tanta la necesidad de ti…

Terror

Terror. Terror es tu ausencia, necesitar… necesitarte. Las noches en vela imaginándote, el amanecer caótico tras mis sueños, levantarse esperando nada. Mirar el reloj estancado, caminar por un rumbo sin sentido, donde no estás tú. Quebrar planes, desvanecer ilusiones. Gritar al vacío, ser espectador. Eso es el terror. Mi terror. Mi temor.

Pánico

Pánico es cada segundo sin ti, cada palabra que no puedes escuchar, cada gesto que no puedes ver. Pánico es vivir esperándote, sentir que no llegas. Pánico. Mirar el horizonte, mirarte a ti, oír tus pasos alejarse mientras se acerca el silencio. Eso es el pánico. Observar el lado vacío de la cama y amanecer al día siguiente empapado en tu recuerdo. Imaginarte llamando a la puerta, imaginar tu regreso. Pánico.

En la madrugada…

4:00. Calor. Siento tu calor coporal, el tacto de tu piel bajo las sábanas. Piernas enlazadas. Un abrazo, cara a cara. Ojos cerrados. Calma. Silencio. Tu olor es embriagador, relajante. Estoy consciente, ajeno a todo lo externo a nuestro mundo. Feliz, saboreando cada segundo. Sin nada en la mente, sólo amor. Tú, yo, noche… y amanecer.

Necesidad

Sueño. Cansancio. Ojos que intentan cerrarse. Vueltas en la cama, necesidad de ti. Un mundo paralelo donde sólo estás tú, al fondo, inalcanzable. Tan lejos que parece el inicio de una pesadilla. Me falta la vida si no estás, si mi abrazo queda vacío en la noche. Te necesito tanto… Me esfuerzo por recordar el tacto de tu cuerpo desnudo, el sabor de tu nuca tras acostarte, la suavidad de tu piel bajo las sábanas. Pero…

Mono. Mono de ti…

Exilio

Frío. Hambre. Humillación. La Luna nos observa con ojos de misericordia, pero es consciente de que nada puede hacer por ayudarnos. Cientos de hombres, mujeres y niños dejamos hace semanas nuestra tierra marchando, según algunos, a un lugar lleno de esperanza. Por el camino se oyen gemidos y quejas, comentarios, deseos, pensamientos….el eco de unas vidas que ya no volverán a sonreir. Las caravanas acompañan con el rechinar de sus ruedas nuestro lamento y es esa rutina y su ritmo quién me hace recordar los días precedentes a la guerra. Paseábamos felices por el lago, inconscientes, evadidos de esa gran tragedia que se aproximaba con paso cada vez más firme. No importaba. No importaba no pensar en el futuro, sólo había que vivir el presente y vivirlo a tu lado. Recuerdo aquella tarde soleada, aquella hierba acogedora, aquella montaña risueña y cómo nuestros besos compartían protagonismo con nuestras caricias. Te quería tanto…

Algo que escribí hace tiempo…

Es tanta la necesidad de ti

Inquietud. Angustia. Miedo, pánico y terror. Necesidad vital. La noche no se convierte en madrugada, permanece inerte. Está estancada en algún punto de tu recuerdo, de guardia en la desolación de tu ausencia. Mi cama sigue echándote de menos, mientras el vacío de mi pecho ahoga todas las ilusiones. Es tanta la necesidad de ti… es tanta la locura al sentirte lejos… es tanta la adicción a tu piel… Desquiciado. Ido. Sin ti.

En la noche…

La noche hacía tiempo que era madura. El reloj marcaba impasible las dos de la madrugada, mientras el resplandor del pasillo alumbraba con luz tenue sus manecillas. No podía dormir. Una necesidad se hacía cada vez mayor en mis entrañas, en lo más profundo de mi ser, impidiendo que vueltas y más vueltas consiguieran hacerme conciliar el sueño. Desquiciado. Ido. Buscándote en la cama, intentando acariciar tu piel, captar tu aliento. Pero solo había sábanas…