Poco ha cambiado. Un día más, pero el mismo sentimiento. Y mañana volverá a pasar. Y volveré a quererte, con todas mis fuerzas. Por la noche cerraré los ojos, pensando en ti, y a la mañana siguiente despertaré con la misma obsesión por besarte. No puedo vivir sin amarte…
Dos. Dos personas, dos amantes. Dos años. El mismo pulso acelerado, la misma emoción. Felicidad. Calma. El mundo ya no gira y todo se detiene en el momento mágico de besarnos. Sentimiento intacto, pasión creciente, ganas de ti. Vacío si no estás, plenitud al tocar tu piel. Locura. Amor. Aniversario.
Estrellas, luz de Luna. Noche. Dos amantes descansan sobre la arena de playa, abrazados, observando la bóveda celeste. Cielo y tierra. Tú. Yo. Nosotros.
Miedo. Por primera vez sentía miedo, pánico, tenía algo que perder. Una chica, el amor de mi vida. Dos contra cinco, nueve pistolas. Tensión. Miradas. Y fuego.
Las sábanas apenas cubrían tu cuerpo. Hacía calor, una madrugada de verano arrancaba en la habitación y mis ojos hacía rato que estaban abiertos, observando el compás de tu respiración sobre la cama. Tu piel, el contorno de unas curvas perfectas, tu olor… volvía a crearse un mundo paralelo, onírico, lleno de sensaciones y sentimientos. Hombros desnudos, torso a medio tapar, caderas protegidas sólo por tu ropa interior… estabas preciosa. Una imagen grabada a fuego para siempre y un recuerdo que evocar en los días grises sin ti. Y a pesar de estar tan cerca, de tenerte a centímetros, comenzaba a desquiciarme. No podía resistirlo, necesitaba acariciarte, besarte, recorrer tu espalda con las yemas de mis dedos y hacerte despertar con el placer en tus sentidos. Era inevitable, te deseaba tanto…
Noche, otra noche. Otra más. En vela, sin dormir, esperándote. Luces apagadas, silencio. Llanto. Y un corazón que palpita, extrañándote. Mi piel necesita tu tacto, tus caricias, sentir el calor de tu cuerpo y saber que estás a media vuelta, en la misma cama. Tu respirar es vida en mis oídos, tu ausencia puñales en mi cabeza. Sigue siendo tanta la necesidad de ti…
Terror. Terror es tu ausencia, necesitar… necesitarte. Las noches en vela imaginándote, el amanecer caótico tras mis sueños, levantarse esperando nada. Mirar el reloj estancado, caminar por un rumbo sin sentido, donde no estás tú. Quebrar planes, desvanecer ilusiones. Gritar al vacío, ser espectador. Eso es el terror. Mi terror. Mi temor.
Pánico es cada segundo sin ti, cada palabra que no puedes escuchar, cada gesto que no puedes ver. Pánico es vivir esperándote, sentir que no llegas. Pánico. Mirar el horizonte, mirarte a ti, oír tus pasos alejarse mientras se acerca el silencio. Eso es el pánico. Observar el lado vacío de la cama y amanecer al día siguiente empapado en tu recuerdo. Imaginarte llamando a la puerta, imaginar tu regreso. Pánico.
4:00. Calor. Siento tu calor coporal, el tacto de tu piel bajo las sábanas. Piernas enlazadas. Un abrazo, cara a cara. Ojos cerrados. Calma. Silencio. Tu olor es embriagador, relajante. Estoy consciente, ajeno a todo lo externo a nuestro mundo. Feliz, saboreando cada segundo. Sin nada en la mente, sólo amor. Tú, yo, noche… y amanecer.
Sueño. Cansancio. Ojos que intentan cerrarse. Vueltas en la cama, necesidad de ti. Un mundo paralelo donde sólo estás tú, al fondo, inalcanzable. Tan lejos que parece el inicio de una pesadilla. Me falta la vida si no estás, si mi abrazo queda vacío en la noche. Te necesito tanto… Me esfuerzo por recordar el tacto de tu cuerpo desnudo, el sabor de tu nuca tras acostarte, la suavidad de tu piel bajo las sábanas. Pero…
Mono. Mono de ti…