Otra noche más

La misma idea se repite en mi mente. Incesante, perpétua. La misma locura de necesitar el calor de tu piel bajo mis sábanas. De sentirme vivo en el reflejo de tu sonrisa. Y clavar entonces mis ojos en tu mirada, y generar la chispa de lo eterno, de lo mágico. Parar el reloj, sentirnos ausentes del mundo. Llorar de alegría y a la vez llorar de miedo. A que todo pase, a que nada quede. Sufrir la desesperación en cada despedida, temer que la magia de repente termine. Y así seguir absorto en tu carita, hasta el amanecer.

Dieciséis

El cronómetro sigue corriendo, la cuenta atrás es inevitable. La arena cae. Y sigue cayendo, constante, ajena a todo. El reloj puede quebrarse en una fracción de segundo, o puede permancer intacto años y años, impasible, sobre la mesa del destino. Yo soy un tipo con suerte. He observado tu carita al amanecer, y he besado cada poro de tu piel, y te he visto feliz entre mis brazos.

Hoy he mirado el calendario, y he tachando cada número, como un niño el día de Reyes abriendo su regalo. Treinta y cuatro veces dieciséis.